Archivo de la etiqueta: lucha minera

CONCIERTO SOLIDARIO

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APROVECHAMOS ESTE CONCIERTO PARA APOYAR A COMPAÑERXS Y AMIGXS DETENIDXS EN LAS PROTESTAS MINERAS Y QUE YA SE ENFRENTAN AL NUEVO CODIGO PENAL

LOS GRUPOS PONDRAN EL DINERO QUE DA LA SALA Y ESPERAMOS QUE LA GENTE QUE SE ACERQUE TAMBIEN AYUDE EN LA MEDIDA DE SUS POSIBILIDADES.

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desde asturies con amor…

comparto aqui varios comunicados recibidos desde asturies…

difundelos segun proceda!!!

Rompamos el aislamiento de la

lucha en la minería

      «El proletariado no puede reconocerse verídicamente en un agravio particular sufrido y tampoco, por lo tanto, en la reparación de una agravio particular, ni de un gran número de estos, sino únicamente en el agravio absoluto de haber sido

relegado al margen de la vida.»

Guy Debord.

     Varias semanas llevan los mineros luchando contra los planes de ajuste que el capital lanza contra sus condiciones de vida. Frente a las necesidades de valorización del capital que exigen deshacerse de la producción minera en España y lanzar a la basura a todo ese sector, los proletarios responden defendiendo intransigentemente sus intereses y necesidades. Lejos de asumir un paro de brazos caídos o de levantar como idiotas sus manos al alto diciendo a coro que «éstas son nuestras armas», asumen los métodos de las luchas y huelgas de verdad. Huelga indefinida, barricadas, cortes de carretera por doquier, cortes de vías de trén, sabotajes, molotovs, enfrentamientos contra las fuerzas represivas… La violencia de clase reaparece personificada en esos “encapuchados” que incomodan la normalidad capitalista y esbozan un trasfondo velado y descuartizado por la intoxicación político-sindical: la guerra de clases.

      Y es en este punto donde se juega lo esencial. El proletariado no puede defender sus intereses desde el aislamiento, desde el corporativismo, defendiendo su sector como algo salvable en un mundo insalvable. Precisamente ese es el eje en el que articula su fuerza todo el espectro politico-sindical que dice representar o defender a los mineros en lucha basándose en todos los límites que la misma lucha contiene. Toda la charlatenería y todos los llamados que lanzan estos estafadores para que se apoye y se sea solidario con la minería, parten de mantener a toda costa la cuestión como un problema en la minería y en su gestión. El bochornoso espectáculo de todos estos gestores de la miseria y la esclavitud llega al paroxismo cuando Trevín, uno de los dirigentes de la represión en Asturias en los últimos años, defiende en el congreso, candil en mano, al sector minero. Esta escenificación no es más que el trasvase al parlamento de una práctica asumida en la calle por las organizaciones sindicales, con SOMA a la cabeza, y que tiene como principal función el control del fuego en las barricadas y la transformación del conflicto en una batalla entre diferentes formas de gestión capitalistas.

      Allí donde este cordón sanitario se resquebraja surge la posibilidad de que este conflicto asuma abiertamente su propia naturaleza, la de ser una expresión de un conflicto global, un conflicto que concierne a las bases mismas de un sistema basado en la apropiación de los medios de vida por el capital, un sistema donde la tasa de ganancia lo decide todo. Pero sólo en la ruptura del aislamiento, en la extensión del conflicto a todos los sectores, puede la lucha asumir toda su naturaleza subversiva. Todo lo que sea mantener el problema encerrado en los estrechos márgenes de la mina significa desfigurar su esencia y hacerse el haraquiri sometiéndose a la lógica de la explotación capitalista y a sus aparatos de gestión. La propia historia de la lucha en la minería no deja lugar a dudas.

      Cuando en las asambleas salen voces disonantes que reclaman la extensión del conflicto, cuando en ciertos lugares de las cuencas mineras, y fuera de ellas, algunos incontrolados se organizan al margen del dictado sindical, cuando proletarios de otros sectores o en el paro acuden anónimamente a luchar, cuando comienzan a reproducirse acciones que escapan al control politico-sindical, se está expresando ya la negativa proletaria a dejarse neutralizar y la tentativa por romper el cerco del conflicto, de dejar atrás las “reivindicaciones” actuales, de extender a todos lados el enfrentamiento como una lucha contra el capital. La huelga general convocada para el 18 de Junio en las cuencas pone en el tapete esta cuestión y materializa la respuesta sindical al peligro de la extensión. Se busca limitar este peligro a un día -el 18- y a un lugar -las cuencas mineras- para conjurarlo.

      Para los proletarios se trata de echar abajo este dique de contención, de romper el aislamiento de las luchas, de consolidar estructuras donde organizarnos, de destruir las ilusiones reformistas, de llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias. La situación en que todos nos encontramos es trágica y la solución no pasa por buscar una salida sectorial, la solución pasa por destruir una sociedad basada en la tasa de ganancia, en la esclavitud asalariada, una sociedad en la que la producción no posee otra base que las necesidades de valorización. Todo lo que sea caminar hacia otro lado significa asistir a la derrota.

¡A EXTENDER LA LUCHA A TODOS LOS SECTORES Y LUGARES!
¡A DESBORDAR EL CORDÓN POLÍTICO-SINDICAL!

Unos incontrolados

Extendamos las luchas
      La explosión social que se está viviendo se nos está presentando interesadamente como luchas sectoriales: mineros, interinos, transportistas, trabajadores de la salud, etc. Si aceptamos esa parcialización, el capital tendrá la guerra ganada.

      Es necesario entender estas luchas como parte de un todo, la lucha de todos los explotados por tomar el control de nuestras vidas.

      Aunque se escondan detrás de reivindicaciones contra los despidos , por las ayudas al carbón, o a la sanidad, forman parte de la reafirmación de nuestras necesidades frente a la economía.

      Aceptando esa parcialización le hacemos el juego al capital, ya que nosotros mismos nos sentimos fuera de esas luchas; ir a las cuencas a tirar voladores o esperar a que los mineros vengan aquí a salvarnos el culo, o pedir a los sindicatos defensores de la normalidad democrática una huelga general indefinida es inútil y absurdo. No podemos seguir esperando a que nos lo traigan a casa, debemos hacerlo NOSOTROS, formando comités y asambleas que extiendan la explosión social.

      Para el capitalismo no hay mineros, interinos ni transportistas, solo esclavos a los que explotar para su beneficio, para nosotros tampoco.

      No pedimos mas ayudas al carbón, ni echar atrás los recortes del gobierno, queremos destruir este mundo que nos roba la vida, donde las mercancías tienen mas valor que la personas, lo queremos todo, pero nadie nos lo va a regalar.

      Librémonos de las identidades laborales, sexuales, nacionales… que nos ha impuesto el capital y luchemos unidos por su destrucción.

ROMPAMOS EL AISLAMIENTO CAPITALISTA PARA RECUPERAR NUESTRAS VIDAS.

UNÍOS HERMANOS PROLETARIOS*

*último aviso

 

¡Que las palabras lucha y solidaridad les haban temblar!
“Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido” (Malcom X)

     La siniestra mentira del estado del bienestar ha terminado. Con este engaño el capital nos hizo creer que podíamos poseer todas las mercancías que deseáramos, sólo había que pedirlas, ahora se hace visible que esas mencarcías son la cadena que nos ata a este esclavismo moderno.

     El capitalismo tuvo una victoria contundente sobre el proletariado, pero no sólo una victoria militar, sino psicológica. Palabras como solidaridad o revolución fueron prostituidas hasta extremos nauseabundos; solidaridad se convirtió en “apadrina un niño”, en Cáritas, en “cómprame esta postalina de Navidad para los niños de África”, en resumen, en limosna. Mientras, la revolución pasó a ser un dentífrico, una lavadora, un televisor…

     Hoy parece que, timídamente, empiezan a sonar de nuevo los tambores de la guerra de clases, aunque sólo es el comienzo, ya que la propaganda del sistema está tan arraigada en nuestras mentes que obstaculiza una lucha real.

     Hasta que no nos desprendamos de los complejos e ideologías que nos ha creado el capital, no será posible empezar a luchar por nuestra liberación.

     Cuando se condenan los actos “violentos” de los manifestantes, se está justificando toda la violencia del capitalismo, empezando por la manipulación a la que somos sometidos por sus medios de propaganda.

     Violento es quien defiende un banco, pues está defendiendo a quien nos roba la vida, una vida que no hemos tenido oportunidad de vivir, porque la hemos perdido enriqueciendo a los amos del mundo.

     Violento es quien justifica a la policía diciendo que “son personas, sólo hacen su trabajo”, mientras abren cabezas y bañan las calles de sangre.

     Mientras no reconozcamos la violencia, no sólo física, del capital, nada cambiará.

     Cuando se habla de democracia, parece que es la más alta meta, el único de los sitemas posibles; se pone como ejemplo la democracia en la antigua Grecia, obviando que allí había lo que a la mayoría de nosotros nos hubiese tocado ser, esclavos cuya vida no valía absolutamente nada más que las piezas de oro que por ellos pagaban.

     Mientras no asumamos que la democracia no es más que otro engranaje de la maquinaria del capitalismo, que se engrasa con nuestra sangre y nuestro sudor, nada cambiará.

     Cuando se dice que no se puede insultar a políticos, empresarios, sindicaleros… por temor a qué dirán los periódicos, aunque de sobra se sepa que no van a salir, se olvida que los medios de comunicación no son tal, sino el órgano de propaganda de la dictadura del capital. Se llega al tremendo despropósito de atreverse a hablar de un capitalismo más humano, comparable a una tortura más placentera, a un asesinato menos mortal.

     Hasta que no comprendamos que bajo el yugo del capitalismo otro mundo no es posible, nada cambiará.

     Sólo cuando nos demos cuenta y hagamos nuestro que la solidaridad no es limosna, que la lucha no tiene nada que ver con mendigar al poder establecido pequeñas o grandes reformas, que lo revolucionario no es un producto novedoso, sino la unión y organización de los oprimidos contra el opresor que les arrebata la vida y la dignidad, sólo cuando todo eso se asuma y la práctica así lo exprese, sólo entonces, las palabras lucha y solidaridad recuperarán todo su contenido histórico y les hará temblar de nuevo, sólo entonces podremos empezar a lcuhar por un mundo nuevo.

¡Uníos hermanos proletarios!
¡Lucha y solidaridad para destruir lo que nos destruye!

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