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DEFENSA DEL TERRITORIO , ATAQUE AL CAPITAL.

Hace tiempo que me llegó este texto al correo y aún no lo había publicado , así que aqui va…

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Cuanto más se complica el sistema mercantil,

más bastan para destruirlo unos medios simples”

Ratgeb

En un mundo que se rige por el valor de cambio, cualquier cosa o ser que en el planeta habite, pasa a ser considerado mercancía y por lo tanto objeto de consumo. Ya que la economía domina ampliamente todos los factores de la sociedad, el sistema trata de integrarnos en su harmonioso devenir convirtiéndonos en partícipes, esclavos satisfechos y números en el engranaje de nuestra propia destrucción.

El envenenamiento progresivo y sistemático del agua, el aire, y la tierra, la masiva plantación de cultivos transgénicos, la destrucción o urbanización del medio rural, las megainfraestructuras de destrucción ambiental, el urbanismo desbocado, la alienación, neurosis y exclusión social son fácilmente digeribles bajo el nombre del progreso. El gran aclamado desarrollo, nos hace ir más rápido a ningún lugar y consumir veneno a precio de ganga.

Y es que se convierte en algo esencial para el sistema la correlación entre prisa y beneficio. Las empresas luchan por ser más rápidas y eficientes, arrastrándonos a un ritmo frenético en un absurdo va y ven entre el consumo y el trabajo del que cualquier persona cabal escaparía si no estuviera apresada bajo las leyes del mercado.

Pero si algo caracteriza a los humanos que vivimos bajo este sistema inhumano (bien sea sometidos o integrados en él) aparte de una enigmática docilidad, es carecer de una visión global, una mirada integradora hacia nuestro enemigo que no perdiéndose en la complejidad de sus ramas, sea capaz de ir directamente a la raíz. Si eso es ser radical, pues seremos radicales y podremos abandonar todo análisis parcial e ir en busca de la comprensión de la totalidad que contiene cada tema.

Así podremos garantizarnos también abandonar toda tentativa de soluciones parciales que nos llevan a entrar en la lógica impuesta.

La liquidación de la lucha mediante su parcialización y la creación de movimientos específicos tendentes a disminuir o resolver uno de esos problemas separados, sin poder por lo tanto atacar su causa común y profunda, son irremediablemente tentativas adicionales de adaptación, mejoramiento, reparación del sistema y por lo tanto de reforzamiento de la dictadura del capital.

Con esto no se pretende que luchemos unicamente contra el “todo” que seria como pelear contra la nada… Bastante gente ya apenas se mueve, pues todas las luchas que les rodean parecen parciales y muchas claro que lo son: “Trabajo para mi pueblo, no pal suyo” , “Nuclear no en mi pueblo, en el tuyo”… Casi todo son reivindicaciones de pura supervivencia individualista.

Si consiguiéramos superar el individualismo que nos han inculcado desde la cuna y pudiéramos pensar en común, descubriríamos que muchas luchas por la supervivencia no solo están en contradicción con las necesidades del sistema, sino que también son inasumibles por el, llevándonos a la polaridad entre este sucedáneo de frustración que nos venden como vida y una vida que realmente merezca ser vivida y disfrutada hasta el fin.1

Los conflictos puramente laborales no cuestionan la naturaleza alienada del trabajo, ni el objeto o las consecuencias de la producción. No pudiendo ver mas allá del ámbito laboral, se considera el trabajo como una actividad moralmente neutra. Por esa razón y debido a la especialización, alienación e individualismo al cual estamos sometidos, se justifican acciones desastrosas para la naturaleza como el envenenamiento sistemático del planeta (y por tanto de todo ser que en el habite), la destrucción del territorio, la degradación y acidificación cada vez más acelerada de los océanos… Pero la supervivencia justifica casi cualquier atrocidad, con el pretexto de permitirnos vender nuestra fuerza de trabajo.

No deberíamos luchar para colocarnos mejor o simplemente mantenernos en el mercado de trabajo, para que el trabajo fuera más “ecológico” o menos devastador, más cooperativo o solidario, sino directamente para salirnos de la economía… Tendríamos que destruir la mercancía que producimos y nos esclaviza, destruir también las fábricas y las máquinas, no autogestionarlas…

Otras luchas pasadas nos han demostrado que la reforma o el esfuerzo por mantenerse en el mercado y competir con otros capitalistas a través de la autogestión, no ha hecho más que reforzar la explotación, la contaminación y la miseria con todas las connotaciones que encierra esta palabra.

Al igual que al obrerismo, al ecologismo le ocurre algo parecido. Centrándose en el problema medioambiental e ignorando la crítica social precedente, convierte su lucha en una lucha contra los excesos de un sistema cuyas bases defiende. De las demandas del ecologismo el capital supo sacar rentabilidad, convirtiendo en valor de cambio elementos naturales como el sol, el aire, el agua, el paisaje… Desarrollando grandes plantaciones de agrocombustibles, grandes extensiones de parques eólicos y solares, etc…

Estas nuevas tecnologías ecológicas responden a una necesidad del capitalismo, al cual pueden llegar a señalar como responsable de algunas catástrofes, pero no de la catástrofe del progreso en si.

Agricultura campesina, reducción del consumo y la movilidad, prioridad de las relaciones, alimentación sana, redes locales de trueque, no competir, no acumular… no tienen sentido alguno si no se pretende destruir este mundo de explotación y miseria, no existe una alternativa real dentro del propio sistema.

Al igual que el obrerismo, el ecologismo, al reivindicar algo perfectamente plausible en el marco del sistema, pide que este funcione mejor, que la carga esté mejor repartida. Ambos abrazan el progreso como guardián y salvador del futuro. Cuantos obreros soñando con ser los dueños de los medios de producción para que funcione mejor la fábrica y producir mas mercancías, sin ver que son esas mercancías las dueñas de su vida, o cuantos ecologistas soñando con un “desarrollismo” sostenible, sin ver que el desarrollo es el desarrollo del capitalismo.

La ciencia y la tecnología como partes integrantes del sistema de dominación sirven a la sumisión y al control, juegan un papel importante en esta desorbitada marcha hacia adelante, erigiéndose como única solución a los males que ella misma ha creado… Así, ”gran parte de la población mantiene, consciente o no, la certeza de que la mayor parte de los problemas sociales o medioambientales a los que se enfrenta la humanidad encontrará, tarde o temprano, una respuesta técnica. ¿Millones de seres humanos mueren de hambre? Mejoremos el rendimiento de los cereales gracias a los transgenicos. ¿El estrés causa estragos en los trabajadores occidentales? Desarrollemos mejores antidepresivos. ¿El miedo a la inseguridad ronda nuestras ciudades? Instalemos sistemas de videovigilancia, equipemos a la población con documentos de identidad biométricos y aumentemos los medios policiales.2

No podemos pensar que la tecnología o la ciencia son neutras ya que siguen la lógica capitalista, están a disposición de ella, y su objetivo es sacar mayor rentabilidad económica de la tierra y los seres vivos. Intentan destruir a un ritmo devastador pero digerible que les permita seguir degradando nuestra vida y la de la tierra, a poder ser sin que reviente de golpe. Su lógica es la acumulación de ganancia y poder exprimir hasta la ultima gota.

Un ejemplo de esto los tenemos en la medicina, esta “se convierte en una “ciencia” extraña que estudia minuciosamente estructuras parciales sin tomar en consideración la estructura global con la que se relacionan”, obviando las causas de las afecciones, ya que muchas enfermedades son propias de la exposición a esta vida tóxica y alienada. Trata de agilizar la vuelta al mercado laboral, normalmente mediante química con un enfoque sintomático, que no hará mas que cronificar la situación… Pero no nos engañemos, la enfermedad es rentable.

No hay un futuro anticapitalista sin poner en cuestión este edificio civilizatorio caracterizado por el industrialismo y el urbanismo voraz, así como tampoco hay futuro para el planeta, ni posibilidad de encontrarnos otra cosa que una tierra degradada, si tratamos el problema medioambiental de manera parcial, aislada.

Es el todo, no la parte. Son las leyes del mercado, la abundancia de medios de destrucción con que cuenta el capitalismo, la desorbitada producción de energía y de mercancías, los residuos y desechos del consumo ostentoso y la capacidad de todos los gobiernos para estar de acuerdo en lo esencial, que es el mantenimiento de esta sociedad mercantil, lo que hipoteca las posibilidades de supervivencia de nuestra tierra.

La lucha por la defensa de la tierra ha de ser una la lucha contra el capital, contra la necedad y la aberración, una lucha por la vida, por una vida en comunidad y en simbiosis con el entorno.

Nunca nos lo pondrán fácil, pero como decía Durruti:“Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero te repito a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante”.

Si lo que se pretende es trastocar el orden establecido, no se puede aspirar a la “humanización” del trabajo o la “democratización” del consumo bajo un totalitarismo económico de apariencia democrática. Solo la práctica bajo una actitud holística que pueda atacar en su totalidad todo el engranaje de este sistema, el fin de toda dominación, la destrucción del mercado, del trabajo enajenado, del estado y toda burocracia podrá poner fin a esta vida toxica.

NO HAY MEDIAS TINTAS, NADA QUE NEGOCIAR

HEREDAREMOS LAS RUINAS!!

1 Esto lo explican mejor en el prologo de “Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica” Del grupo Oblomoff. (Editado por lazo ediciones):

no queremos que se entienda que rechazamos de plano todas las expresiones de lucha actuales. Nosotros estamos del lado de aquellos que luchan contra la explotación, contra las bajas de salarios, los despidos, la precarización, el empeoramiento de las condiciones de vida; pero esto no significa dejar de ser críticos de los límites que estas luchas tienen por sí mismas. Nosotros no queremos una explotación más amable, sino el fin de la misma. Por eso nos preocupa cómo se confunden, en los diferentes lugares de trabajo, la defensa de nuestros intereses como explotados con la de los explotadores. Defender nuestra fuerza de trabajo y luchar por dejar de ser explotados, nada tiene que ver con defender la fuente del mismo. Sea en el sector público o privado, en el taller o el laboratorio, el lugar de trabajo es donde dejamos nuestra vida a cambio de sobrevivir. La lucha por nuestro verdadero bienestar no puede ser una lucha que fortalezca los medios que hacen posible nuestra dependencia y por tanto la perpetúan.

2Cuadernos de negacion, nº8 (Critica de la razón capitalista)

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