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DEFENSA DEL TERRITORIO , ATAQUE AL CAPITAL.

Hace tiempo que me llegó este texto al correo y aún no lo había publicado , así que aqui va…

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Cuanto más se complica el sistema mercantil,

más bastan para destruirlo unos medios simples”

Ratgeb

En un mundo que se rige por el valor de cambio, cualquier cosa o ser que en el planeta habite, pasa a ser considerado mercancía y por lo tanto objeto de consumo. Ya que la economía domina ampliamente todos los factores de la sociedad, el sistema trata de integrarnos en su harmonioso devenir convirtiéndonos en partícipes, esclavos satisfechos y números en el engranaje de nuestra propia destrucción.

El envenenamiento progresivo y sistemático del agua, el aire, y la tierra, la masiva plantación de cultivos transgénicos, la destrucción o urbanización del medio rural, las megainfraestructuras de destrucción ambiental, el urbanismo desbocado, la alienación, neurosis y exclusión social son fácilmente digeribles bajo el nombre del progreso. El gran aclamado desarrollo, nos hace ir más rápido a ningún lugar y consumir veneno a precio de ganga.

Y es que se convierte en algo esencial para el sistema la correlación entre prisa y beneficio. Las empresas luchan por ser más rápidas y eficientes, arrastrándonos a un ritmo frenético en un absurdo va y ven entre el consumo y el trabajo del que cualquier persona cabal escaparía si no estuviera apresada bajo las leyes del mercado.

Pero si algo caracteriza a los humanos que vivimos bajo este sistema inhumano (bien sea sometidos o integrados en él) aparte de una enigmática docilidad, es carecer de una visión global, una mirada integradora hacia nuestro enemigo que no perdiéndose en la complejidad de sus ramas, sea capaz de ir directamente a la raíz. Si eso es ser radical, pues seremos radicales y podremos abandonar todo análisis parcial e ir en busca de la comprensión de la totalidad que contiene cada tema.

Así podremos garantizarnos también abandonar toda tentativa de soluciones parciales que nos llevan a entrar en la lógica impuesta.

La liquidación de la lucha mediante su parcialización y la creación de movimientos específicos tendentes a disminuir o resolver uno de esos problemas separados, sin poder por lo tanto atacar su causa común y profunda, son irremediablemente tentativas adicionales de adaptación, mejoramiento, reparación del sistema y por lo tanto de reforzamiento de la dictadura del capital.

Con esto no se pretende que luchemos unicamente contra el “todo” que seria como pelear contra la nada… Bastante gente ya apenas se mueve, pues todas las luchas que les rodean parecen parciales y muchas claro que lo son: “Trabajo para mi pueblo, no pal suyo” , “Nuclear no en mi pueblo, en el tuyo”… Casi todo son reivindicaciones de pura supervivencia individualista.

Si consiguiéramos superar el individualismo que nos han inculcado desde la cuna y pudiéramos pensar en común, descubriríamos que muchas luchas por la supervivencia no solo están en contradicción con las necesidades del sistema, sino que también son inasumibles por el, llevándonos a la polaridad entre este sucedáneo de frustración que nos venden como vida y una vida que realmente merezca ser vivida y disfrutada hasta el fin.1

Los conflictos puramente laborales no cuestionan la naturaleza alienada del trabajo, ni el objeto o las consecuencias de la producción. No pudiendo ver mas allá del ámbito laboral, se considera el trabajo como una actividad moralmente neutra. Por esa razón y debido a la especialización, alienación e individualismo al cual estamos sometidos, se justifican acciones desastrosas para la naturaleza como el envenenamiento sistemático del planeta (y por tanto de todo ser que en el habite), la destrucción del territorio, la degradación y acidificación cada vez más acelerada de los océanos… Pero la supervivencia justifica casi cualquier atrocidad, con el pretexto de permitirnos vender nuestra fuerza de trabajo.

No deberíamos luchar para colocarnos mejor o simplemente mantenernos en el mercado de trabajo, para que el trabajo fuera más “ecológico” o menos devastador, más cooperativo o solidario, sino directamente para salirnos de la economía… Tendríamos que destruir la mercancía que producimos y nos esclaviza, destruir también las fábricas y las máquinas, no autogestionarlas…

Otras luchas pasadas nos han demostrado que la reforma o el esfuerzo por mantenerse en el mercado y competir con otros capitalistas a través de la autogestión, no ha hecho más que reforzar la explotación, la contaminación y la miseria con todas las connotaciones que encierra esta palabra.

Al igual que al obrerismo, al ecologismo le ocurre algo parecido. Centrándose en el problema medioambiental e ignorando la crítica social precedente, convierte su lucha en una lucha contra los excesos de un sistema cuyas bases defiende. De las demandas del ecologismo el capital supo sacar rentabilidad, convirtiendo en valor de cambio elementos naturales como el sol, el aire, el agua, el paisaje… Desarrollando grandes plantaciones de agrocombustibles, grandes extensiones de parques eólicos y solares, etc…

Estas nuevas tecnologías ecológicas responden a una necesidad del capitalismo, al cual pueden llegar a señalar como responsable de algunas catástrofes, pero no de la catástrofe del progreso en si.

Agricultura campesina, reducción del consumo y la movilidad, prioridad de las relaciones, alimentación sana, redes locales de trueque, no competir, no acumular… no tienen sentido alguno si no se pretende destruir este mundo de explotación y miseria, no existe una alternativa real dentro del propio sistema.

Al igual que el obrerismo, el ecologismo, al reivindicar algo perfectamente plausible en el marco del sistema, pide que este funcione mejor, que la carga esté mejor repartida. Ambos abrazan el progreso como guardián y salvador del futuro. Cuantos obreros soñando con ser los dueños de los medios de producción para que funcione mejor la fábrica y producir mas mercancías, sin ver que son esas mercancías las dueñas de su vida, o cuantos ecologistas soñando con un “desarrollismo” sostenible, sin ver que el desarrollo es el desarrollo del capitalismo.

La ciencia y la tecnología como partes integrantes del sistema de dominación sirven a la sumisión y al control, juegan un papel importante en esta desorbitada marcha hacia adelante, erigiéndose como única solución a los males que ella misma ha creado… Así, ”gran parte de la población mantiene, consciente o no, la certeza de que la mayor parte de los problemas sociales o medioambientales a los que se enfrenta la humanidad encontrará, tarde o temprano, una respuesta técnica. ¿Millones de seres humanos mueren de hambre? Mejoremos el rendimiento de los cereales gracias a los transgenicos. ¿El estrés causa estragos en los trabajadores occidentales? Desarrollemos mejores antidepresivos. ¿El miedo a la inseguridad ronda nuestras ciudades? Instalemos sistemas de videovigilancia, equipemos a la población con documentos de identidad biométricos y aumentemos los medios policiales.2

No podemos pensar que la tecnología o la ciencia son neutras ya que siguen la lógica capitalista, están a disposición de ella, y su objetivo es sacar mayor rentabilidad económica de la tierra y los seres vivos. Intentan destruir a un ritmo devastador pero digerible que les permita seguir degradando nuestra vida y la de la tierra, a poder ser sin que reviente de golpe. Su lógica es la acumulación de ganancia y poder exprimir hasta la ultima gota.

Un ejemplo de esto los tenemos en la medicina, esta “se convierte en una “ciencia” extraña que estudia minuciosamente estructuras parciales sin tomar en consideración la estructura global con la que se relacionan”, obviando las causas de las afecciones, ya que muchas enfermedades son propias de la exposición a esta vida tóxica y alienada. Trata de agilizar la vuelta al mercado laboral, normalmente mediante química con un enfoque sintomático, que no hará mas que cronificar la situación… Pero no nos engañemos, la enfermedad es rentable.

No hay un futuro anticapitalista sin poner en cuestión este edificio civilizatorio caracterizado por el industrialismo y el urbanismo voraz, así como tampoco hay futuro para el planeta, ni posibilidad de encontrarnos otra cosa que una tierra degradada, si tratamos el problema medioambiental de manera parcial, aislada.

Es el todo, no la parte. Son las leyes del mercado, la abundancia de medios de destrucción con que cuenta el capitalismo, la desorbitada producción de energía y de mercancías, los residuos y desechos del consumo ostentoso y la capacidad de todos los gobiernos para estar de acuerdo en lo esencial, que es el mantenimiento de esta sociedad mercantil, lo que hipoteca las posibilidades de supervivencia de nuestra tierra.

La lucha por la defensa de la tierra ha de ser una la lucha contra el capital, contra la necedad y la aberración, una lucha por la vida, por una vida en comunidad y en simbiosis con el entorno.

Nunca nos lo pondrán fácil, pero como decía Durruti:“Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero te repito a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante”.

Si lo que se pretende es trastocar el orden establecido, no se puede aspirar a la “humanización” del trabajo o la “democratización” del consumo bajo un totalitarismo económico de apariencia democrática. Solo la práctica bajo una actitud holística que pueda atacar en su totalidad todo el engranaje de este sistema, el fin de toda dominación, la destrucción del mercado, del trabajo enajenado, del estado y toda burocracia podrá poner fin a esta vida toxica.

NO HAY MEDIAS TINTAS, NADA QUE NEGOCIAR

HEREDAREMOS LAS RUINAS!!

1 Esto lo explican mejor en el prologo de “Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica” Del grupo Oblomoff. (Editado por lazo ediciones):

no queremos que se entienda que rechazamos de plano todas las expresiones de lucha actuales. Nosotros estamos del lado de aquellos que luchan contra la explotación, contra las bajas de salarios, los despidos, la precarización, el empeoramiento de las condiciones de vida; pero esto no significa dejar de ser críticos de los límites que estas luchas tienen por sí mismas. Nosotros no queremos una explotación más amable, sino el fin de la misma. Por eso nos preocupa cómo se confunden, en los diferentes lugares de trabajo, la defensa de nuestros intereses como explotados con la de los explotadores. Defender nuestra fuerza de trabajo y luchar por dejar de ser explotados, nada tiene que ver con defender la fuente del mismo. Sea en el sector público o privado, en el taller o el laboratorio, el lugar de trabajo es donde dejamos nuestra vida a cambio de sobrevivir. La lucha por nuestro verdadero bienestar no puede ser una lucha que fortalezca los medios que hacen posible nuestra dependencia y por tanto la perpetúan.

2Cuadernos de negacion, nº8 (Critica de la razón capitalista)

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SOBRE NACIONALISMO Y ANARQUISMO

PERPLEJIDADES INTEMPESTIVAS.

Cuando acontecen en Catalunya cambios tan drásticos como los que se han producido desde las multitudinarias manifestaciones del 15 de mayo de 2011 resulta difícil experimentar cierta perplejidad.

¿Que ha podido ocurrir para que algunos de los sectores más combativos de la sociedad catalana hayan pasado de “rodear el Parlament” en el verano del 2011 a querer defender las Instituciones de Catalunya en septiembre del 2017?

¿Que ha podido ocurrir para que esos sectores hayan pasado de plantar cara a los mossos d’escuadra en la plaza catalunya, y de recriminarles salvajadas, como las que padecieron Esther Quintana o Andrés Benítez, a aplaudir ahora su presencia en las calles y a temer que no tengan plena autonomía policial?

¿Que ha podido ocurrir para que parte de esos sectores hayan pasado de denunciar el Govern por sus políticas antisociales a votar hace poco sus presupuestos? ¿Pero, también, que ha podido ocurrir para que ciertos sectores del anarcosindicalismo hayan pasado de afirmar que las libertades nunca se han conseguido votando a defender ahora que se dé esa posibilidad a la ciudadanía?

La lista de preguntas se podría ampliar enormemente y se podrían aportar múltiples respuestas a las pocas que aquí se han formulado. En efecto, se pueden aducir factores tales como el agotamiento del ciclo del 78, la crisis económica con sus correspondientes recortes y precarizaciones, la instalación de la derecha en el gobierno español con sus políticas autoritarias y sus recortes de libertades, la escandalosa corrupción del partido mayoritario etc. etc.

Sin embargo me parece que sería ingenuo excluir de esas respuestas la que pasa por tomar en cuenta, también, el extraordinario auge del sentimiento nacionalista. Un auge que, sin duda alguna, han contribuido a potenciar los factores a los que acabo de aludir pero que también ha recibido muy importantes dosis de combustible desde las propias estructuras del gobierno catalán y desde su control de las televisiones públicas catalanas. Varios años de persistente excitación de la fibra nacionalista no podían no tener importantes efectos sobre las subjetividades, tanto más cuanto que las estrategias para ampliar la base del independentismo nacionalista catalán han sido, y siguen siendo, de una extraordinaria inteligencia. La potencia de un relato construido a partir del derecho a decidir, en base a la imagen de las urnas, y a la exigencia de la libertad de votar, era extraordinaria y conseguía disimular perfectamente el hecho de que era todo un aparato de gobierno el que se volcaba en promover ese relato.

Hoy, la estelada (roja o azul) es sin la menor duda el símbolo cargado de emotividad bajo el cual se movilizan las masas, y es precisamente ese aspecto el que no deberían menospreciar quienes sin ser nacionalistas ven en las movilizaciones pro referéndum una oportunidad que los libertarios no deberían desaprovechar para intentar abrir espacios con potencialidades, sino revolucionarias, por lo menos portadoras de una fuerte agitación social, y se lanzan por lo tanto en la batalla que enfrenta los gobiernos de España y de Catalunya.

No deberían menospreciarlo porque cuando un movimiento de lucha incluye un importante componente nacionalista, y este es, sin duda alguna, el caso en el presente conflicto, las posibilidades de un cambio de carácter emancipatorio son estrictamente nulas.

Me gustaría compartir el optimismo de los compañeros que quieren intentar abrir grietas en la situación actual para posibilitar salidas emancipatorias, sin embargo no puedo cerrar los ojos ante la evidencia de que las insurrecciones populares, y los movimientos por los derechos sociales nunca son transversales, siempre encuentran a las clases dominantes formando piña en un lado de las barricadas. Mientras que en los procesos de autodeterminación, y el actual movimiento es claramente de ese tipo, siempre interviene un fuerte componente interclasista.

Esos procesos siempre hermanan a los explotados y a los explotadores en pos de un objetivo que nunca es el de superar las desigualdades sociales. El resultado, corroborado por la historia, es que los procesos de autodeterminación de las naciones siempre acaban reproduciendo la sociedad de clases, volviendo a subyugar las clases populares después de que estás hayan sido la principal carne de cañón en esas contiendas.

Eso no significa que no haya que luchar contra los nacionalismos dominantes y procurar destruirlos, pero hay que hacerlo denunciando constantemente los nacionalismos ascendentes, en lugar de confluir con ellos bajo el pretexto de que esa lucha conjunta puede proporcionarnos posibilidades de desbordar sus planteamientos y de arrinconar a quienes solo persiguen la creación de un nuevo Estado nacional que puedan controlar. Que nadie lo dude, esos compañeros de viaje serán los primeros en reprimirnos en cuanto no nos necesiten, y ya deberíamos estar escarmentados de sacarles las castañas del fuego.

Tomás Ibañez

Barcelona 26 de septiembre de 2017

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Alacant, 27-09-2017.

Compañero Tomás

Tus “perplejidades intempestivas” son el mayor exponente leído por mí del sentido común y del seny revolucionario que debieran reinar no sólo entre los libertarios, sino entre todos aquellos que quieren abolir esta sociedad en lugar de administrarla. No obstante, no me extraña que un mogollón de gente que se dice anarquista se haya apuntado a la movida nacionalista y proclame con bríos el derecho a decidir el material del que estarán hechas sus cadenas: ¡hay de Ricardo Mella y “la ley del número”!. Tampoco escasearon los que en su día se subieron al carro de Podemos o al del plataformismo y cambiaron los harapos de la lucha de clases por la ropa nueva de la ciudadanía. Es propio del anarquísmo filisteo ante la menor encrucijada histórica el optar por hacerle el juego al Poder establecido. La guerra civil española es el ejemplo más palmario de ello. Confusión, atracción irresistible del jaleo, desclasamiento, táctica del mal menor, el enemigo de mi enemigo, lo que sea. El resultado final es ese: una masa de paletos esclavos de cualquier causa ajena y un montón de egos enfermizos estilo Colau o Iglesias que pagarían por venderse. En fin, negras tormentas agitan los aires y nubes oscuras nos impiden ver. Intentemos disiparlas.

La cuestión que cabría preguntarse no es por qué un sector local de la clase dominante decide resolver sus diferencias con el Estado por la vía de la movilización callejera, sino por qué una porción considerable de gente con intereses contrapuestos, principalmente jóvenes, actúa como decorado escenográfico y fuerza de choque de la casta que ha patrimonializado Cataluña, clasista, católica, corrupta y autoritaria como la que más. El juego del patriotismo catalán no es difícil de desentrañar y quienes lo promueven y aprovechan nunca han pretendido ocultarlo. El “Procès” ha sido una arriesgada operación de clase. La consolidación de una casta local asociada al desarrollo económico exigía un salto cualitativo en materia autonómica que la estrategia del “peix al cove” (“pájaro que vuela…”) no podía lograr. La negativa de la plutocracia central a “dialogar”, o sea, a transferir competencias, principalmente financieras, bloqueaba el ascenso de dicha casta y mermaba peligrosamente su influencia y capacidad política de cara a unos empresarios, industriales y banqueros dispuestos a dejarse liderar por soberanistas con tal de triplicar sus beneficios. La decisión por la cúspide de ir al “choque de trenes” significó una ruptura radical de la política pactista del catalanismo político. Aunque no iba en serio, es decir, que nunca tuvo como finalidad la declaración unilateral de independencia, necesitó de un aparato movilizador bien montado con el fin de inocular una mística patriotera que pusiera a hervir de forma controlada el caldo identitario. La demagogia independentista, armada con el marketing de la identidad, supo prolongarse en un ciudadanismo democrático con el que pudo sacar a la calle a masas demasiado domesticadas para hacerlo por propia voluntad. Con gran habilidad tocó la fibra oscura de las emociones reprimidas y los sentimientos gregarios que anidan en los siervos del consumo, es decir, supo remover en provecho suyo el poso de la alienación. El objetivo, según mi punto de vista, ha tenido éxito, y la casta dirigente estatal está mucho más dispuesta a modificar la constitución del posfranquismo para mejor encaje de la casta catalanista, aunque para ello ésta tendrá que sacrificar algunas figuras por el camino, quizás al mismo Puigdemont. Poderosos representantes del gran capital (por ejemplo, Felipe González) así parecen indicarlo.

El nacionalismo está manejado por timadores, pero en sí mismo no es un timo. Es el reflejo sentimental de una situación frustrante para una mayoría de subjetividades pulverizadas. No actúa de forma racional, puesto que no es fruto de la razón; es más una psicosis que un pálpito de liberación. La explicación de la eclosión emocional patriótica en la sociedad catalana habrá que irla a buscar en la psicología de masas y para ello nos serán más útiles Reich, Canetti o incluso Nietzsche, que teóricos como Marx, Reclus o Pannekoek. La convicción y el entusiasmo de la multitud no provienen de fríos razonamientos lógicos o de rigurosos análisis socio-históricos; más bien tiene que ver con las descargas emocionales sin riesgo, la sensación de poder que producen los amontonamientos, el fetichismo de la bandera u otros símbolos, la catalanidad virtual de las redes sociales, etc., características de una masa desarraigada, atomizada y desclasada, y, por lo tanto, sin valores, objetivos e ideales propios, predispuesta a comulgar con las ruedas de molino que se repartan. La vida cotidiana colonizada por el poder de la mercancía y del Estado es una vida repleta de conflictos latentes e interiorizados, dotados de un exceso de energía que los hace emerger en forma de neurosis individuales o colectivas. El nacionalismo, de cualquier signo, ofrece un excelente mecanismo de canalización de esos impulsos que, si se hicieran conscientes, constituirían un temible factor de revuelta.

El nacionalismo divide la sociedad en dos bandos paranoicos enfrentados artificialmente por sus obsesiones. Los intereses materiales, morales, culturales, etc., no cuentan. Nada que ver con la justicia, la libertad, la igualdad y la emancipación universales. El pueblo catalán es algo tan abstracto como el pueblo español, un ente que sirve de coartada para una soberanía de casta con su policía notablemente represora. Un pueblo únicamente se define contra todo poder que no emane de él o que se separe de él. Por consiguiente, un pueblo con Estado no es un pueblo. Convendrás conmigo en que la historia la hace la gente común mediante asambleas y organismos nacidos de ellas, pero tal como están las cosas, la historia es de quien la manipula mejor. Lo que dicha gente hace es proporcionar el marco popular de una mala función de teatro donde se ventila un prosaico reparto de poder. Cualquiera puede hacer sus cálculos y navegar en consideración dentro o fuera de las aguas nacionalistas de una turbulencia más bien calma, pero nunca deberá perder de vista el meollo de la cuestión.

Fraternalmente,

Miquel Amorós

 

 

MEMORIA HISTORICA

Esto publicaba ayer un colega en su faisbuk…los viejos dificilmente nos olvidaremos de este asunto!

 

“Malos tiempos para la lírica” cantaban Golpes Bajos y malos tiempos estos para el punk en Asturies.

El punk perdió los pocos dientes que le quedaban, ya no muerde, solo es música, ruido, pose y discos con bonitas portadas troqueladas.

Ya no tiene memoria, ni siquiera la memoria de su propia historia, la historia vivida en primera persona, la que duele….y si la tiene, la cambia por tres acordes y un poco de distorsión.

Este finde, volverán a sonar en el antiguo C.S.A. acordes distorsionados, pero serán solo eso, acordes, acordes complacientes, agradecidos de tener donde sonar.

El Centro Social Anarquista de Xixón fue un sitio lleno de vida, de experiencias, de lucha y acción, de alegría y de rabia,de punk, hasta que la cnt local decidió, en la mas pura linea estalinista y de las peores formas, desalojarlo sin mas, en nombre de SU propiedad privada.

El problema en realidad eran los grupos autónomos, l@s libertari@s que allí se organizaban y desarrollaban su actividad al margen y a la izquierda del Partido, ups! perdón, sindicato, actividad esta que evidenciaba la inactividad de los burócratas.

El problema fue el apoyo que allí se dio a compañeros represaliados, al margen de estar mas o menos de acuerdo con sus formas de lucha, hablo de los anarquistas italianos presos por el atraco a un banco en Cordoba, historia esta en que la cnt se lució, otra vez…..

El problema era el boletín Llar que allí se gestaba, de poco agrado para la burocracia sindical.

¡Ah! que se me olvidaba… el problema, al parecer, era también que eramos tod@s un@s yonkis, que nos inyectabamos porros y fumábamos tripis, asín, tó a la vez……….

Seré un vieyu amargado y repunante y mas yonki aun que en los 90, pero es que hay cosas que…..

Ni dios, ni amo, ni cnt…..Ni olvido,ni perdón…Up the punks!!!!

 

poblacion 95 o 96

Unos yonkis tocando…seguramente para pagarse la droga!

Mas informacion sobre este asunto en esta otra entrada:

C.S.A. (93-98). REFRESCANDO UN POCO LA MEMORIA

NAIS CONTRA A IMPUNIDADE EN EL BANQUILLO

Cartel a color

El 22 de Septiembre del 2004, a las 2:45 horas, el ex Guardia Civil Carlos Viña, denuncia a su hijo Diego Viña por un presunto delito de malos tratos en el ámbito familiar y este último es detenido y conducido al cuartel de la Guardia Civil de Arteixo. A las 16:56 horas Diego Viña fallece en dicho cuartel a la edad de 22 años.Tras el fallecimiento, la madre del chaval alega que la denuncia del padre, Carlos Viña, fue formulada de forma irregular, y denuncia al comandante del puesto de la Guardia civil de Arteixo (G00402P) y los agentes W97788Z, 34896949, Q47830E y T68012Z como autores de un delito de homicidio intencionado en comisión por omisión y de detención ilegal. Durante el procedimiento los Guardias Civiles implicados declararon que estaban al tanto de qué hacía el arrestado a través de un audio de las video-cámaras y que fue el silencio, después de varias horas de berridos y golpes, lo que les llevo a sospechar de que algo podía estar sucediendo. Según su versión, al bajar al calabozo se lo encontraron colgado del barrote superior de la puerta de su celda con un trozo de su propio pantalón.

El principal indicio del suicidio, el pantalón con el que se ahorcó, desapareció “misteriosamente” por ser “arrojado a la basura”, tal y como reconoció en su declaración el comandante de dicho cuartel. A pesar de esto, la denuncia de la madre fue desestimada el 5 de enero del año 2008 por el juzgado de instrucción de A Coruña, quien tampoco admitió el posterior recurso de amparo.

El 12 de octubre del año 2010 volvemos a concentrarnos en el mismo lugar, en la salida de la delegación de la Guardia Civil y de la subdelegación del gobierno en Coruña inicia dos procedimientos sancionadores.

El primero es un procedimiento administrativo contra dos personas, supuestamente organizadoras del acto. El segundo es un procedimiento legal por injurias a la Guardia Civil contra estas dos personas y otras 13 más acusadas de gritar: “La Guardia Civil tortura y asesina”. Entre los imputados se encuentran familiares y amigos de Diego Viña, varios miembros de CNT, miembros de la asociación “Nais Contra a Impunidade”, un profesor de la facultad de Filosofía de Santiago de Compostela y un miembro del colectivo de defensa de los derechos fundamentales ESCULCA. La fiscalía solicita “multa de quince meses, con una cuota diaria de 8 euros y un día de privación de libertad por cada dos cuotas impagadas además de abono de las costas”, un total de unos 3.600 euros por persona.

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Compañeras y compañeros, el mundo al revés, el juzgado lleva al banquillo a las madres contra la impunidad. Las quieren condenar por pedir justicia y esclarecimiento por la muerte de un chico de veintidós años en el cuartel de la guardia civil de Arteixo.

El juicio tendrá lugar el 6 de junio en los juzgados de A Coruña a las 10 de la mañana.

Contamos con el apoyo de todos y todas vosotras. No se puede castigar a las madres porque estamos en todo nuestro derecho de pedir justicia.

A lo largo de estos años venimos denunciando las torturas y muertes de muchas presas y presos, esto no les interesa y por eso hacen esta persecución a las madres, para meternos miedo y que no volvamos a hacerlo. Así que hoy, aquí, pido vuestra solidaridad y apoyo para ese día. Gracias. Nos quieren sacar de circulación, pero antes daremos caña.

Madres contra la impunidad

as15dearteixo.com

www.naiscontraimpunidade.org

info@naiscontraimpunidade.org

 

Comunicado de Juan Pintos, detenido/encarcelado/condenado por el montaje del 4F

Ante todo el revuelo mediático producido por el pase de “Ciutat Morta” en la televisión pública catalana, y como encausado/encarcelado/condenado por el montaje policial del 4F, creo necesario dar a conocer mi opinión respecto a la reapertura del caso, la búsqueda de responsables y/o culpables y la relación con los medios de comunicación.

Mi interés en dejar clara mi postura se debe sobre todo a lo sucedido estos últimos días, con declaraciones en los medios de comunicación (masivos o alternativos) sobre la existencia de un “verdadero culpable” o sobre la búsqueda de responsables políticos/judiciales/policiales concretos, con nombre y apellido. Declaraciones que no comparto en absoluto y que muchas veces, por falta de rigor o por manipulación, se dieron a conocer como la postura de “lxs condenadxs por el 4F”.

Creo que el 4F, lamentablemente, no es la excepción en la normalidad policial/judicial, sino una muestra del funcionamiento habitual de las instituciones. Los montajes se repiten, con distintxs protagonistas, todo el tiempo, ya sea para criminalizar un movimiento, para justificar nuevas leyes de “seguridad” o simplemente para mantener rentable el entramado empresarial/carcelario. Y en esta realidad, buscar a lxs supuestxs responsables del 4F es pedirle al sistema, que es por definición injusto y violento, que se señale a sí mismo, algo que sinceramente no creo que suceda. O peor, es darle a las instituciones la oportunidad de “depurar” responsabilidades, de apartar “manzanas podridas” que alteran el funcionamiento correcto e imparcial de la policía, la justicia y la política. Hacer algo así es erigir, una vez más, al estado como garante y guardián de “lo justo” y “lo verdadero”, cuando en realidad es el estado mismo que funciona y se mantiene gracias a las torturas, los encarcelamientos y la violencia de sus cuerpos armados.

¿Qué se puede lograr destituyendo a un cargo político? ¿Qué se puede lograr con dos policías encarcelados? ¿Qué se puede lograr apartando a una jueza de su cargo? Sinceramente creo que nada más que una escasa satisfacción personal que me es ajena.

Alguien ocupará ese cargo y continuará asegurando el idéntico funcionamiento de la institución, otros policías patrullarán las calles, otros jueces dictarán penas de cárcel.

No quiero, ni necesito, que el mismo sistema que nos detuvo, torturó, juzgó y condenó se legitime ahora como garante de la verdad y la justicia. Creo que personalizar la responsabilidad del montaje que nos encarceló es una manera de negar la realidad del sistema en el que vivimos, donde las detenciones arbitrarias, las palizas y los juicios condenatorios son la norma y no la excepción.

No quiero, ni necesito, ver a más personas en la cárcel.

No quiero cambiar la oportunidad de un cuestionamiento radical, quizás menos comercial pero infinitamente más útil, por más minutos en el aire de sus mass media, por más líneas en sus periódicos, por más promesas de “investigación”.

Creo que es momento de trazar una línea que conecte todos los montajes que realiza el estado y darse cuenta, quien todavía no lo haya hecho, que la realidad es que el estado (ya sea español, catalán o el que ustedes elijan) es responsable en su totalidad de los encarcelamientos, torturas y humillaciones que sufren todos los días un número impresionante de personas.

La Operación Pandora, Alfon, Mónica y Francisco, el 4F, el 9F, Núria, el caso de Torà, migrantes en los CIEs y así podría seguirse indefinidamente, no son casos aislados; éste es el comportamiento de un sistema criminal, y pedirle explicaciones a ese mismo sistema es entrar en un juego que está perdido de antemano.

Las respuestas están en la calle, en la organización entre afines, en el rechazo práctico y diario a sus estructuras de poder y maltrato, y no en platós de televisión, palacios judiciales ni voceros del estado.

Mientras el 4F o cualquier otro caso sea vivido y mostrado como una anécdota, como victimización de tal o cual persona, es imposible cuestionar la totalidad del problema, y así sólo llegarán “soluciones” parciales, falsas desde su origen y que continuarán fortaleciendo al estado en su rol de mediador, protector y guardián de la ciudadanía. Creo que la única forma de que estas situaciones no se repitan es dejar de lado los egos, la victimización y la necesidad de una venganza personalizada con nombre y apellido.

Entiendo, y no soy quien para cuestionarlo, que exista una diversidad de posturas respecto a la situación del 4F, pero creo que es necesario dejar bien claro que no me representa en lo mas mínimo el camino que se ha recorrido este último tiempo, como mínimo desde la emisión de “Ciutat Morta” en tv3.

Creo que tener el conocimiento de la podredumbre total y absoluta de las instituciones debe ser una herramienta para que los cuestionamientos se vuelvan globales, es decir que tener la certeza de que las instituciones funcionan así debe ser el principio de los planteamientos radicales que buscan un cambio completo en la forma de relacionarse, y no una excusa para justificar la inacción o la pasividad.

Mi postura, cruda y crítica hacia el sistema en general, no es un llamado a la resignación sino a una radicalización de las prácticas diarias que existen por fuera de sus estructuras, a un crecimiento de los espacios fuera del control estatal, y creo que en ese camino es necesario aprovechar cada grieta en el funcionamiento del sistema para profundizarlas, hasta que la situación se les haga insostenible.

Dicho esto, sólo me queda pedir vuestra solidaridad activa con todxs lxs que están sufriendo, ahora mismo, aislamiento, maltrato y cárcel por sostener y defender sus ideas.

Libertad para todxs o libertad para nadie.
Salud.

Juan Pintos, detenido/encarcelado/condenado por el montaje del 4F